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Nomadismo del circo, significado de la circulación de las cuatro obras. Al no poder el circo cambiar las realidades de cada pueblo que visita, prefiere el circo cambiar de pueblo. Trasladarse otra vez al viejo lugar, a ese pueblo, donde no se permite el paso del tiempo. Así se enciende el fuego patrimonial. Volver a levantar sus carpas, como tribu enamorada, como tierras encantadas por una Maga antigua, de quizás qué siglo, que ancló el arte circense a un eterno traslado, a un eterno vaivén. Así como inquietas se mueven constantemente las olas del mar, de cualquier continente e idioma, credo y fe, la esencia gravitacional es la misma. Los aplausos acaban, se encienden motores sin rumbo, con dirección…flecha al viento y volver, de esta forma el circo no vive hacia adelante sino hacia el pasado. Avanza hacia un atrás patrimonial, familias y compañías de artistas aventureros, arqueólogos del oro social. Volviendo a pisar sus mismos pasos reconocen sus sombras, sus errores, se revisitan, trasladándose al escenario más esencial de la humanidad. Por esto no muere.  No pueden morir, porque el grupo que puede volver sobre su memoria, inmanente, conoce las fuerzas elementales del Ser colectivo. Transformando su hacer artístico en un ritual espiritual. Llega el circo. Un nuevo pueblo brota con su llegada. La llegada, ágil o pesada, es en sí un nuevo espectáculo. Hombres, mujeres, niños y familias se bajan observados por todos esos vecinos. Una tradición. El circo tradicional hace este ejercicio todo el año, todos los años. En el Nuevo Circo, la Red Circordillera homenajea ese saber, ese andar, esa experiencia. Proponemos un homenaje a la tradicional circulación de familias de circo. Al motor; al volante; a la brújula; a la carretera; al hombre de circo y sus 5 sentidos; a la libertad de ser y hacer único, y apenas visible.
  El viaje del Viento. El traslado es parte del rumbo de ciertas comunidades, bandadas, juglares, mensajeros, y ambulantes en búsqueda de encuentros de alimentos, amigos, familias, festividades, aplausos, rumbos y respuestas. También la itinerancia permite socializar, educar, oír ideas nuevas, educarse como ser que encarna al espíritu. También conocido como “El viaje del Viento”. El poder que existe en los vientos permite movilizar ágil y limpiamente un sin fin de cuerpos, por otros medios más pesados y sucios. Así, el viento se incorpora como un elemento trascendente a la unidad, para potenciar lo colectivo. Así también, el viento se vuelve bandera del movimiento. Y el movimiento tiene al acto tradicional circense como bandera. Por esto dibujamos una Red donde la circulación es actividad inicial. Despejando dudas, volviendo a lo esencial, al puro y limpio tránsito entre un pueblo y otro, el viento hace del viaje circense un propósito en sí mismo. Llevando en sí la sabiduría tradicional del antiguo compartir: ustedes vienen, nosotros los recibimos. Así, juntos crecemos.
Texto: Arturo Labra.
Fotografía: Pepo Vicencio.